En navidades recibí un mensaje cuanto menos ingenioso: “felicidades desde el portal de Belén…”  Y no era la típica postal de alguien que se ha ido a tierra santa…

No he sido el único y alguno de los seguidores de este blog habrá recibido la misma gracieta. A mi me sirvió para reirme un rato y para plantearme que  No hay enemigo pequeño debería ocuparse del fenómeno televisivo del momento.  No se leerán aquí nada que califique sus programas y apariciones desde una perspectiva ética o de presunta superioridad intelectual respecto a los espectadores de estos programas. No es posible que en España haya cuatro, cinco o diez millones de personas estúpidas por tener el hábito de seguir estos espacios de entretenimiento. Como dice mi socio y amigo Javier Vacas    “Sólo hay dos tipos de televisión: la que interesa y la que no interesa…”

La princesa del pueblo es un espectáculo en cualquier plató de televisión. En mis años de carrera he visto poca gente con la capacidad de aprendizaje de Belén Esteban. Se comporta en televisión como si fuera una profesional que llevara toda la vida entre focos y cámaras. Es impresionante (en dos palabras, claro)  Maneja los silencios creando la máxima expectación, sabe en cada momento cuando una cámara la está pinchando, y realiza intervenciones breves y contundentes. Su capacidad televisiva tiene mucho de intuición y poco estudio académico.

Está pendiente siempre de lo que aparece en los monitores del plató. Conoce la trama mejor que nadie y sabe cuando introducir los giros argumentales pertinentes. Cuando hay que llorar, pues se llora. Y cuando hay que confesarse mirando a la cámara para hablar con sus “queridos enemigos”  no hace falta ni que pregunte ¿Cuál es mi cámara? Seguramente no habrá visto  El desafío: Frost contra Nixon  ni falta que le ha hecho. Ha nacido para protagonizar un show y se alimenta con cada programa. Belén Esteban es como HAL 9000aprende más y más de su entorno y de los seres humanos con cada misión (emisión, en su caso)

Esta mujer no tiene una voz bonita pero se esfuerza en dominar la parte de su voz que sí puede controlar: la intensidad y el tono. Con esas herramientas hace lo que quiere, salvo cuando grita… supuestamente al perder los papeles. En esos momentos parece una preadolescente chillona y enfadadísima.

Es capaz de ser el centro de atención incluso cuando no habla. Juega con el gran valor que tiene: ¿A que no habla más de mi vida…? Y entonces la España catódica tiembla. Se habla y se seguirá hablando de ella. Se mantendrán  sus programas en antena mientras el suyo sea un contenido televisivo interesante.  Como dijo Paolo Vasile,  Consejero Delegado de Tele 5,  en el reportaje sobre ella que publicó el suplemento El Semanal de El País a finales de 2010  “Belén Esteban es un fenómeno social. Es una peronista espontánea”

Un fenómeno que alcanza todos los formatos, todos los foros y todas las conversaciones. En teoría nadie sigue sus programas, pero en la práctica todo el mundo la conoce… “de un día que estaba haciendo zaping en un descanso de un documental”  Como parodiaba la edición digital del satírico  El jueves,  hasta los niños pequeños conocen las aventuras de “La Esteban…”